UN
DEBATE QUE APARECE Y VUELVE A LA PALESTRA
EL
DEBATE SOBRE LA IMPUTABILIDAD DE LOS MENORES DE EDAD
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Por
Correpi especial para Villa Crespo Digital
31 de
enero del 2011
Cada vez que un chico
menor de edad aparece involucrado en un delito grave, vuelve a la tapa
de los diarios el “debate sobre la imputabilidad penal”.
Políticos oficialistas, opositores, periodistas, opinadores profesionales,
en fin, todos, reclaman cambios en las leyes o en la forma de aplicarlas.
Unos piden represión explícita a los gritos. Otros son
más sutiles, y mechan en su discurso palabras como reinserción,
resocialización, garantías y derechos.
Una observación:
¿Alguna vez oyó a Casal, Garré, Scioli, Macri,
Randazzo, Alak, Carrió, Duhalde, Cristina, o cualquier otro pedir
a gritos mano dura para la infinidad cotidiana de delitos, muy superior
en cantidad y calidad, que diariamente protagonizan policías,
gendarmes, prefectos, guardia cárceles o militares?. ¿O
para los crímenes (incluyendo “justes de cuentas”
internos de la burocracia sindical, o de los empresarios?
Volviendo al tema
de los menores, una de las primeras voces fue la del conocido fiscal
de La Plata, Marcelo Romero, el mismo que hace unos años mandó
filmar cortes de ruta y manifestaciones para tener un “archivo”
de potenciales imputados: “En la Argentina, ser menor de 16 años
es tener licencia para matar”. Lo siguieron el ministro de Justicia
y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, que dijo que hay un “vacío
legal” en el tema, y defendió las posiciones de su jefe,
el gobernador Scioli; Mauricio Macri y Francisco de Narváez,
sin olvidarnos de Eduardo Duhalde, quien calificó de “imbéciles”
a quienes “creen que el orden es de derecha”.
Desde el kirchnerismo,
el ministro de Justicia Julio Alak, la ministra de Seguridad, Nilda
Garré, y la propia presidenta se sumaron con un matiz más
presentable, apoyando el régimen penal de menores aprobado en
2009 por el senado. La misma línea siguieron el radical Sanz,
el “socialista” Binner y Elisa Carrió, con el argumento
de que ser juzgado como adulto da a los pibes el derecho a defenderse...
Ese proyecto de ley
de responsabilidad penal juvenil, combinación de otros tres,
del peronismo kirchnerista, el peronismo no kirchnerista y la UCR-Acuerdo
Cívico y Social, bien al estilo progre, declama con cuidado cuanto
derecho y garantía procesal recordaron sus autores, e invoca
a cada paso la constitución y pactos internacionales. Así,
empaqueta con un velo “políticamente correcto” la
sujeción de pibes de 14 años a un régimen penal
similar al de los adultos, que ni siquiera excluye el arbitrario procedimiento
sumarísimo de la “flagrancia”.
Parte del discurso
para la tribuna se nota cuando dice que ningún proceso podrá
durar más de un año desde su inicio hasta la sentencia
(4 meses en caso de flagrancia), términos que cualquiera que
camina los tribunales sabe que sólo se pueden cumplir con condenas
express, usando mecanismos como los juicios abreviados, en los que toda
la actividad del defensor oficial se reduce a la extorsión (“firma
el abreviado, pibe, te conviene”). Esas formas “alternativas”
de terminar el proceso, aplicadas a la realidad material de los chicos
que son judicializados en nuestro país, los más pobres
y vulnerables, son formidables herramientas de disciplinamiento social.
Lo que no se dice,
es que, con las actuales leyes vigentes, ningún pibe, culpable
o inocente, es impune. Si tiene más de 16 años, va a juicio
como cualquiera, sólo que lo juzga un tribunal que tiene un cartelito
en la puerta que dice “Menores”, y, en lugar de ir a una
cárcel, va a un instituto, como el Rocca, el San Martín
o el Belgrano, donde el mismo cartelito es la única diferencia.
Y si tiene 14 o 15
años, la cosa es todavía peor. Es cierto que no se lo
juzga, porque es “inimputable” por su edad. Pero se lo interna
en algún instituto, o, si tiene suerte, es adicto y hay cupo,
en alguna “comunidad terapéutica” de donde va a salir
alguna vez, mucho más adicto de lo que entró, pero, además,
abusado, violado, embrutecido y listo para que lo fusile el primer policía
con el que se cruce en el barrio. O no va a salir nunca, como los centenares
de pibes que mueren por año en alguno de esos lugares “de
protección”.
De eso se trata todo
este “debate” sobre la imputabilidad penal de los menores
de edad. De cómo exterminarlos en mayor número, al menor
costo posible. Y que los que queden vivos, sirvan de clientes para las
porquerías que trafica la burguesía, y de mano de obra
esclava para su policía. Y que aprendan que si se rebelan, si
dicen “no”, les puede pasar como a Luciano Arruga hace exactamente
dos años.
Para que nunca, nunca,
tengan la libertad de decidir que no quieren seguir viviendo de esa
manera, ni, mucho menos, la conciencia para intentar cambiarlo.
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