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Martes, 27 Marzo, 2018 16:01
 
 

Si supiese qué es lo que estoy haciendo, no le llamaría investigación, ¿verdad?

Albert Einstein

EL TIEMPO EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

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"¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir 'amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan".

FEDERICO GARCÍA LORCA

MEDIOS DE COMUNICACIÓN / QUE CELEBRAMOS LOS PERIODISTAS / LIBERTAD DE ESCRIBIR

DÍA DEL PERIODISTA: ¿QUÉ CELEBRAMOS?
¿QUÉ CELEBRAMOS LOS PERIODISTAS?

LIBERTAD DE ESCRIBIR

¿QUÉ PERIODISMO CELEBRAMOS?

Producción Periodística de Villa Crespo Digital

9 de junio del 2007. Actualizado el 7 de junio del 2016

"Yo era reportero y era muy difícil reciclarme. Yo era un mercenario honrado, hacía mi trabajo, cobraba por él y decía: 'Aquí hay un muerto y una bomba'; qué hijo de puta, como he dicho alguna vez. Yo podía mostrar en plena guerra al niño llorando porque estaba ahí y tanto me podían dar las bombas a mí como a él, pero ahora hay un periodismo que lleva al niño y le dice: A ver, cuando el serbio te violó, ¿te dolió mucho?' y entonces, plano corto del niño y lágrimas. Eso ya no me gusta porque no tienen derecho, no han estado ahí (...) Como cada vez que me pedían más niños y que facilitara niños a los estudios y a las señoritas maquilladas, me fui. Me sentía muy viejo para reciclarme como para pisarle el pie al niño para que llore".

Arturo Pérez Reverte (novelista y periodista español)

"Soy un testigo de hecatombes, el irónico y desaprensivo cronista de estos días y estas muertes. Llego siempre en el momento en que los hechos se producen para relatarlos en sus mínimos detalles. Así soy, así me siento: un predestinado a enumerar los episodios que toca vivir de una manera personal: el capitalismo en decadencia, la enseñanza especializada, las revoluciones de los pueblos, el tiempo de las democracias y las democracias socialistas. Y los asesinos y los secuestros políticos. Soy un testigo de hecatombes, entre ellas la mía".

Gregorio Santos Hernando

En 1938, el Primer Congreso Nacional de Periodistas que se realiza en la provincia de Córdoba, establece como "Día del Periodista" el 7 de junio en recuerdo del periódico la "Gazeta de Buenos Ayres" fundada por los juntistas de mayo el 2 de junio de 1810, con el objetivo de dar publicidad a los actos de gobierno. En tal sentido, fue un periódico escrito en Buenos Aires, Argentina, entre 1810 y 1821. Inicialmente fue redactada por Mariano Moreno con la ayuda del sacerdote Manuel Alberti, y contó también con colaboraciones de Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Dice la Orden: "Desde el momento en qué un juramento solemne hizo responsable a esta Junta del delicado cargo que el pueblo se ha dignado confiarle, ha sido incesante el desvelo de los individuos que la forman, para llenar la esperanzas de sus conciudadanos. Abandonados casi enteramente aquellos negocios a que tenían vinculada su subsistencia, contraídos al servicio del público, con una asiduidad de que se han visto aquí pocos ejemplos, diligentes en proporcionarse todos los medios que puedan asegurarles el acierto; ve la Junta con satisfacción, que la tranquilidad de todos los habitantes, acredita la confianza con que reposan en el cielo y vigilancia del nuevo gobierno.

Podrá la Junta reposar igualmente en la gratitud con que públicamente se reciben sus tareas; pero la calidad provisoria de su instalación redobla la necesidad de asegurar, por todos los caminos, el concepto debido a la pureza de sus intenciones. La destreza con que un mal contento disfrazase las providencias más juiciosas, las equivocaciones que siembra muchas veces el error, y de que se aprovecha siempre la malicia, el poco conocimiento de las tareas que se consagran a la pública felicidad, han sido en todos los tiempos el instrumento que limando sordamente los estrechos vínculos que ligan el pueblo con sus representantes, produce al fin una disolución, que envuelve toda la comunidad en males irreparables.

Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta, una continuada comunicación pública de las medidas que acuerde para consolidar la grande obra que se ha principiado, una sincera y franca manifestación de los estorbos que se oponen al fin de su instalación y de los medios que adopta para llamarlos, son un deber en el gobierno provisorio que ejerce, y un principio para que el pueblo no resfríe en su confianza, o deba culparse a sí mismo si no auxilia con su energía y avisos a quienes nada pretenden, sino sostener con dignidad los derechos del Rey y de la Patria, que se le han confiado. El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir los delitos.

¿Por qué se han de ocultar a las provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta, en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte en su formación? Cuando el Congreso general necesite un conocimiento del plan de gobierno que la Junta Provisional ha guardado, no huirán sus vocales de darlo, y su franqueza desterrará toda sospecha de que se hacen necesarias o temer ser conocidos, pero es más digno de su representación fiar a la opinión pública la defensa de sus procedimientos y que cuando todos van a tener parte en la decisión de su suerte, nadie ignore aquellos principios políticos que deben reglar su resolución.
Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de Gazeta de Buenos Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el Semanario del ,Comercio, anuncia al público las noticias exteriores e interiores que deban mirarse con algún interés.

En él se manifestarán igualmente las discusiones oficiales de la Junta con los demás jefes y gobiernos, el estado de la Real Hacienda y medidas económicas, para su mejora; y una franca comunicación de los motivos que influyen en sus principales providencias, abrirá la puerta a las advertencias que desee dar cualquiera que pueda contribuir con sus luces a la seguridad del acierto.
La utilidad de los discursos de los hombres ilustrados que sostengan y dirijan el patriotismo y fidelidad, que tan heroicamente se ha desplegado, nunca es mayor que cuando el choque de las opiniones pudiera envolver en tinieblas aquellos principios, que los grandes talentos pueden únicamente reducir a su primitiva claridad; y a la Junta, a más de incitar ahora generalmente a los sabios de estas provincias, para que escriban sobre tan importantes objetos, los estimulará por otros medios que les descubran la confianza que pone en sus luces y en su celo.
Todos los escritos relativos a este recomendable fin se dirigirán al señor vocal Dr. D. Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la secretaría las noticias oficiales, cuya publicación interesa. El pueblo recibirá esta medida como una demostración sincera del aprecio que hace la Junta de su confianza; y de que eso no anima otro espíritu sus providencias que el deseo de asegurar la felicidad de estas provincias".

Por su lado, el 17 de junio de 1810, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano le propone, por lo que afirman algunos historiadores, a Mariano Moreno la redacción de un plan secreto: el Plan de Operaciones. El 31 de agosto el Plan está materializado. Moreno lo presenta a consideración de la Primera Junta de Gobierno y logra el consenso del grupo.


ANEXO
Sobre la libertad de escribir

"Si el hombre no hubiera sido constantemente combatido por las preocupaciones y los errores, y si un millón de causas que se han sucedido sin cesar, no hubiesen grabado en él una multitud de conocimientos y de absurdos, no veríamos, en lugar de aquella celeste y majestuosa simplicidad que el autor de la naturaleza le imprimió, el deforme contraste de la pasión que crece que razona cuando el entendimiento esté en delirio. Consúltese la historia de todos los tiempos, y no se hallará en ella otra cosa más que desórdenes de la razón, y preocupaciones vergonzosas. ¡Qué de monstruosos errores no han adoptado las naciones como axiomas infalibles, cuando se han dejado arrastrar del torrente de una preocupación sin examen, y de una costumbre siempre ciega, partidaria de las más erróneas máximas, si ha tenido por garantes la sanción de los tiempos y el abrigo de la opinión común! En todo tiempo ha sido el nombre el juguete y el ludibrio de los que han tenido interés en burlarse y de su sencilla simplicidad. Horroroso cuadro, que ha hecho dudar a los filósofos, si había nacido sólo para ser la presa del error y la mentira, o si por una inversión de sus preciosas facultades se hallaba inevitablemente sujeto a la degradación en que el embrutecimiento entra a ocupar el lugar del raciocinio.

¡Levante el dedo el pueblo que no tenga que llorar hasta ahora un cúmulo de adoptados errores y preocupaciones ciegas, que viven con el resto de sus individuos; y que exentas de la decrepitud de aquéllos, no se satisfacen con acompañar al hombre hasta el sepulcro, sino que retroceden también hasta las generaciones nacientes para causar en ellas igual cúmulo de males!
En vista de esto, pues, ¿no sería la obra más acepta a la humanidad, porque la pondría a cubierto de la opresora esclavitud de sus preocupaciones, el dar ensanche y libertad a los escritores públicos para que las atacasen a viva fuerza, y sin compasión alguna? Así debería ser, seguramente; pero la triste experiencia de los crueles padecimientos que han sufrido cuantos han intentado combatirlas, nos arguye la casi imposibilidad de ejecutarlo. Sócrates, Platón, Diágoras, Anaxágoras, Virgilio, Galileo, Descartes, y otra porción de sabios que intentaron hacer de algún modo la felicidad sus compatriotas, iniciándolos en las luces y conocimientos útiles descubriendo sus errores, fueron víctimas del furor con que se persigue la verdad.

¿Será posible que se haya de desterrar del universo, un bien ;que haría sus mayores delicias si se alentase y se supiese proteger? ¿Por qué no le ha de ser permitido al hombre el combatir las preocupaciones populares que tanto influyen, no sólo en la tranquilidad, sino también en la felicidad de su existencia miserable? ¿Por qué se le ha de poner una mordaza al que intenta combatirlas, y se ha de poner un entredicho formidable al pensamiento, encadenándole de un modo que se equivoque con la desdicha suerte que arrastra el esclavo entre sus cadenas opresoras.

Desengañémonos, al fin, que los pueblos yacerán en el embrutecimiento más vergonzoso, si no se da una absoluta franquicia y libertad para hablar en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión, y a las determinaciones del gobierno, siempre dignas de nuestro mayor respeto. Los pueblos correrán de error en error, y de preocupación en preocupación, y harán la desdicha de su existencia presente y sucesiva. No se adelantarán las artes, ni los conocimientos útiles, porque no teniendo libertad el pensamiento, se seguirán respetando los absurdos que han consagrado nuestros padres, y han autorizado el tiempo y la costumbre.

Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración; no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal ; no oreamos que con ella se atacará jamás impunemente el mérito y la virtud, porque hablando por el mismo su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán a polvo los escritos de los que indignamente osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria".

"LA GAZETA", 21 de junio de 1810

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