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Si supiese qué es lo que estoy haciendo, no le llamaría investigación, ¿verdad?

Albert Einstein

Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres. / Heinrich Heine (1797-1856) Poeta alemán.

 

"¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir 'amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan".

Federico García Lorca

“Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos”.

Sir Francis Bacon

RELIGIÓN Y CULTOS / PATRONO DE BUENOS AIRES

 

SAN MARTÍN DE TOURS PATRONO DE BUENOS AIRES
20 DE OCTUBRE

Por Haydeé Dessal y Elena Luz González Bazán especial para Villa Crespo Digital

10 de agosto del 2016

En 1580 se lleva adelante una reunión donde se planteó que la conquistada ciudad de Buenos Aires tenía que tener un Santo Patrono, fue una prioridad esencial aquel 20 de octubre de hace más de cuatro siglos.

Las preguntas fueron las siguientes:
¿Cómo hacer la elección? ¿Quién debía ser el protozoo de aquella larga lista de ejemplos de la religión católica apostólica y romana?

Las respuestas llegaron prontamente, de tal forma se puso en funcionamiento una leyenda de aquel día.

Esta leyenda cuenta, dice, afirma que los ediles españoles tomaron un sombrero e introdujeron en él los sendos papelitos donde figuraban los nombres propuestos. Alguna mano revolvió y extrajo uno de ellos, era un niño. Cuando se desplegó el papel enrollado apareció el nombre de San Martín de Tours.
¿Quién habrá sido el que propuso el nombre de un santo francés? fue la pregunta que la mayoría de los presentes debió hacerse.
Los españoles no querían a este patrono, volvieron a introducir los papeles y en una segunda extracción, para sorpresa de todos, apareció el nombre de SAN MARTÍN DE TOURS.

Este Santo Obispo de Tours poseyó los tres modelos de santidad conocidos en el Mundo Antiguo:
• la del asceta que se despoja de todo lo mundano para entregarse por entero a Dios,
• la del hombre de gobierno que ordena todo en procura del reino de Cristo y lo demás lo recibe por añadidura y
• la del celo apostólico y misional.

Todas sus obras las realizó en permanente unión a los misterios del Señor por medio de la vía más eficiente: la oración.
Hijo de un tribuno romano, San Martín de Tours nació en Savaria, actual territorio de Hungría, hacia el año 316, cuando el entonces niño, aún no santo, regresa con su familia a la península itálica para establecerse en la ciudad de Pavía, donde fue inscripto como catecúmeno. Sin embargo, al igual que su padre, sintió la vocación militar, razón por la cual, a los 15 años de edad, se enroló en el ejército de Roma, siendo destinado a la caballería de la Guardia Imperial.

De soldado del César a soldado de Cristo
Habiendo sido enviado su regimiento a la Galia, atravesaba en una fría noche de invierno las puertas de la ciudad de Amiens, cuando un individuo extremadamente pobre se acercó a su caballo y le pidió una moneda. Martín de Tours buscó en sus alforjas y al no encontrar ninguna, desmontó y tomando su capa, la cortó en dos pedazos con su espada, dándole uno al mendigo y quedándose el otro para sí. Una vez en las barracas del cuartel romano, Martín debió soportar las burlas de sus compañeros, pero esa misma noche tuvo su recompensa: en sueños se le apareció Nuestro Señor Jesucristo vistiendo el trozo de capa que había entregado como limosna.

A los 18 años, el joven soldado sintió la necesidad de ser bautizado y, poco después, un hecho asombroso lo llevó a abandonar la milicia para abrazar la vida religiosa.
Era emperador de Roma por esos días el césar Juliano, conocido en la historia por el apodo de “Apóstata”, ya que habiendo conocido el cristianismo por intermedio de los herejes arrianos, intentó instaurar nuevamente el culto pagano.

La historia cuenta que: Corría el año 356, cuando los bárbaras tanto salios y camavios penetraron en territorio galo, arrasando todo a su paso. Los romanos concentraron sus fuerzas en Worms y hasta allí se encaminó Juliano, para entregar a sus tropas el incentivo en dinero con el que las mismas eran animadas. Al llegar el turno de Martín, éste miró al emperador y sin aceptar la dádiva exclamó: “Hasta ahora, César, he luchado siempre a tu servicio, permíteme hacerlo a partir de ahora por Dios. Quien desee continuar a tu servicio acepte entonces tu donativo; yo soy soldado de Cristo. No me es lícito seguir en el ejército”. A ello respondió el emperador: “Tu actitud, mi querido Martín, más parece miedo a la batalla que convicción religiosa; tu sabes que los bárbaros nos atacarán mañana. Sabes que debemos responder con contundencia porque la seguridad del imperio peligra. Dices ser cristiano, es decir que eres un cobarde. Tienes miedo de enfrentar al enemigo”.

Luego la historia comenta que el futuro Patrono de Buenos Aires tenía claro que además de buen comandante, Juliano era enemigo del cristianismo y que si titubeaba, sus compañeros no sólo se reirían de él sino del mismo Cristo, razón por la cual, solicitó que le permitiesen formar en la primera fila, sin armas ni escudo ni yelmo. “... así mi internaré tranquilo entre los bárbaros, demostrándote mi valor y fidelidad y que lo único que temo es derramar sangre de otros hombres”. Por la mañana, cuando la batalla estaba a punto de comenzar, los bárbaros enviaron un parlamentario y pidieron la paz. Los anales atribuyeron la victoria a Juliano, pero algunos legionarios manifestaron que el enemigo había entrado en pánico al enterarse que, seguros del triunfo, había soldados que marcharían a combatir sin armamentos.

EL SOLDADO DE CRISTO

Luego de su paso por el ejército romano y liberado de su trabajo, Martín se traslada a Poitiers para unirse a los seguidores de San Hilario, a quien ayuda a exorcizar a numerosos poseídos en aquella ciudad. Fue el mismo Santo el que le ordenó sacerdote y le indicó, con su ejemplo, el camino a seguir.
Martín regresa por algún tiempo a su ciudad natal y luego se va a Milán y posteriormente a una isla cercana a Génova, su vida será la de un ermitaño que vive en el silencio y la oración.

San Hilario lo convoca y vuelve a Poitiers. En la ciudad cercana de Ligugé funda el que sería el primer monasterio de Francia y un verdadero semillero de obispos y sacerdotes defensores de la ortodoxia católica, desde donde su fama comenzó a extenderse por toda la Galia mientras se le unían los primeros discípulos.

MISIONERO Y APOSTOL DE LAS GALIAS

Ordenado Obispo de Tours en el año 371, fijo allí su residencia fundando el monasterio Marmontier, al tiempo que emprende numerosos viajes misionales evangelizando la región y poniendo en funciones las primeras parroquias rurales. Simultáneamente emprende una ardua lucha contra el paganismo, la adoración de símbolos falsos y los cultos druídicos, sumamente extendidos por aquellas comarcas.

En su afán de difundir el Cristianismo debió enfrentar a numerosos enemigos que intentaron obstaculizar su accionar, en especial los amantes de las riquezas y el lujo, que no veían con buenos ojos su ejemplo de austeridad.
Al ser nombrado obispo de Tours, Martín intentó rechazar el nombramiento por considerarse indigno, escondiéndose de quienes lo buscaban en el interior de un granero. Ocurrió que un ganso comenzó a dar fuertes graznidos, delatando su presencia. Otro día intentó cortar una encina adorada por los paganos y estos le dijeron que se lo permitirían siempre y cuando el árbol cayese sobre él. Así lo hizo el sacerdote y cuando hubo terminado de cortar, viendo que la encina se le venía encima, alzó su brazo, hizo la señal de la cruz y el árbol cayó sin tocarlo.

DRUIDISMO

El druidismo es una religión basada en las creencias de los antiguos celtas en un contexto cultural moderno y sin anacronismos (tratando de llevar la cosmología de los pueblos celtas al presente, adecuándola al aquí y ahora) y que contiene una filosofía propia aplicable a la vida diaria.
Encuentra sus raíces en la naturaleza misma, que busca la conexión del individuo con la tierra, el cielo y el mar, los tres reinos de la cosmovisión celta y encuentra su expresión mediante su “reconstrucción” a través de la información que se conserva (casi toda transcrita por los primeros monjes cristianos de Irlanda), así como de los descubrimientos arqueológicos, la antropología, historia, el folklore y la mitología.
La práctica del Druidismo implica una necesidad vivencial y espiritual y conlleva la asunción en la cotidianidad de sus creencias, fundamentos y de su ética.

LA MUERTE DE MARTÍN DE TOURS

Fallece el 8 de noviembre del 397 de la era cristiana, en Candes, Turena, a los 81 años de edad.
Según los que lo pudieron ver dicen que: Murió apaciblemente, recostado en el suelo sobre cenizas, confortable cama ante los ojos del Altísimo, y supo rechazar violentamente al demonio que intentó en aquel trance tentar su transparente alma. Sus restos fueron conducidos al sepulcro en solemne procesión, escoltados por una guardia de honor de más de 2000 de sus monjes.

Su episcopado marca el triunfo del cristianismo en el Oeste de las Galias y su tumba no tardó en convertirse en centro de peregrinación.

Su fiesta se celebra el 11 de Noviembre. Es santo de los soldados, de los artistas, de los tejedores y fabricantes textiles, junto a San Francisco de Asís, y Patrono de Francia y Hungría, además de varias ciudades, entre ellas Amiens, París, Utrech, Aviñon y Buenos Aires.

Su biografía fue reseñada por su discípulo Sulpicio Severo en su célebre “Vida de San Martín”. Allí nos habla de su talla fuera de lo normal, de su apostura marcial y su forma de predicar, que más perecían arengas militares que homilías. Con ellas acusó a emperadores, reprimió a herejes y defendió a menesterosos, obrando varios milagros, entre ellos la resurrección de algunos muertos. El propio San Martín solía mostrar orgulloso las numerosas heridas adquiridas en el campo de batalla durante sus veinticinco años de servicios y ese temperamento militar fue el que le ganó el apodo de “Apóstol de las Galias” ya que nadie había hecho tanto por la Francia Católica hasta entonces. Por esa causa San Gregorio de Tours lo invoco como “Patrón especial del mundo entero”.

 

 

 

PATRONO DE BUENOS AIRES

Como cuenta la historia aquella jornada de designación del patrono fue en el 1580. Sus autoridades encabezados por sus cabildantes y los alcaldes de la Hermandad y los representantes del clero se reúnen y designan al Patrono de Buenos Aires conquistada por los españoles.

En las Actas del Cabildo consta lo siguiente: En la “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires” es elegido este santo como patrono.

La costumbre española era consagrar cada nuevo lugar fundado a un santo de la iglesia católica, institución que contaba con amplia hegemonía e influencia en todos los ámbitos de la vida social, pública y privada, como así también en el orden simbólico de la sociedad.

Como dice el poeta Francisco Luís Bernárdez en su Oración a San Martín, éste, “no teniendo con qué socorrer al mendigo, como aquella causa era justa, desenvainó la espada que llevaba al cinto, rasgó por el medio su capa, le alargó la mitad y siguió su camino, llevando la otra mitad para cubrir espiritualmente al pueblo argentino, que, con el andar de los años, había de nacer aquí, donde nacimos”.


Esta es la breve historia, leyenda y andanzas del Patrono de Buenos Aires: San Martín de Tours.


FUENTES: Fuentes portales religiosos e históricos y fuentes propias.

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