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UNA SAGA FERROVIARIA
Sorpresiva, inquietante e innovadora, de la entraña
proletaria y combativa surge esta rica obra literaria,
"Crónicas del terraplén", que describe, emotiva y cabal, "la
lucha y la vida de los que viven en esos lugares, los
habitantes del terraplén y sus resistencias." Ya Juan Carlos
Cena había dado sobradas muestras de su calidad literaria y
humana en "El guardapalabras (Memorias de un ferroviario)",
"una vida a través del ferrocarril", crónica "que es un
libro de la vida, la vida verdadera", como dice en su
introducción Osvaldo Bayer. Y crónica de la enconada y
valerosa lucha gremial de los trabajadores argentinos del
riel. Donde se aprende a "militar la vida todos los días y a
cada rato", según el autor.
"Dedicado a mis compañeros" este tercer aporte tiene al
terraplén como protagonista principal. "lugar de consulta,
refugio, amparo y otras cosas. Aquí aprendimos a escuchar y
después a hablar, a respetar el silencio del otro y luego el
de uno; lugar de códigos y solidaridades, de resistencias y
transgresiones, de mezquindades y heroísmos, de
solidaridades entre malandraje y laburantes, entre
meretrices y huelguistas, de emociones y congojas. Paraje de
antiguos juegos, de amores inclinados, de peleas, de
palabras clandestinas, de chismes, todo era hervor en esa
zona colmada de impertinencias y de aguantes. Parador de
silencios militantes. Aquí, las palabras resistieron el
embate de los conversos que intentaron limarle las aristas
para que éstas sean monótonas y redondas, acá se reafirmó el
lenguaje y se crearon palabras nuevas, porque era un lugar
lleno de fantásticas invenciones. En este lugar se
inventaron y reinventaron verbos, modos, gestos, señales y
esas cosas; era territorio efervescente, misterioso,
inescrutable, plagado de imaginerías, de llegadas y
escondrijos, de partidas y regresos...¨bueno, yo vengo de
ese espacio terraplenado", dice Cena.
A partir de sus "inaugurales andadas" (ya que la cosa no
comienza en el año cincuenta en Guiñazú sino bastante antes,
cuando el autor era infante), en la estación Pie de Palo,
todo era el ferrocarril: la casa, el patio, el laburo de mi
viejo, la playa de la estación, el depósito de locomotoras.
Impresiona la rica descripción de la variada naturaleza,
desde las espectrales salinas hasta la fauna autóctona,
pasando por un burro, que conocía el horario de los trenes
que llevaban coche comedor. Y que todavía espera el retorno
del tren, interrumpido hace tantos años.
Mezcla de lo español con lo prehispánico, la pintoresca
descripción de un velorio diferente, de rito rural tucumano,
pone de manifiesto el valor estético de la sensibilidad del
autor, teñida del sabor original de lo autóctono. Y así el
tradicional rito del mate surge "como un apretón de manos,
un instrumento de comunicación aunque en ese momento no
transiten las palabras".
A partir de la década del 60 -en plena etapa frondizista- la
lucha por la sobre vivencia del ferrocarril, condenada por
los intereses más espurios y retrógrados asume dimensiones
homéricas tras huelgas y proscripciones. "Había dejado de
ser un presagio, era un hecho real, no aflojar, no
desfallecer ante nada, no desertar, ser solidarios, eran los
temas recurrentes". Pero tras la dura experiencia de la
derrota, la pérdida del ferrocarril fue un drama humano
durísimo: "recién salíamos de ese naufragio terrestre:
rengos, tullidos, atontados los más; ferroviarios sin rumbo
como pájaros sin aire: el ferrocarril ya no estaba entre
nuestras pertenencias. Hombres escombros, estrellados, fuera
de la vía..." La sensibilidad y penetración psicológicas de
Cena logra evaluar y describir el vacío, la dolorosa
sensación producto de la desaparición del ferrocarril.
Mientras en Europa y Estados Unidos este medio seguía y
sigue siendo valioso elemento de transporte, en nuestro
extenso país turbios intereses prescindieron de él
desaprensivamente. Grave drama humano y social que afectó a
toda la sociedad.
De estas "inaugurales andadas" a las "alucinaciones
militantes" se da un tránsito amargo, acorde al ritmo del
país. La figura de Perón, la idealización de Evita, se
integran al comienzo objetivamente en el texto. Las
experiencias y vivencias de la represión adquieren luego en
el texto expresión vívida. El personaje de la Hormiga Negra
-el almirante Rojas- circula como fantasma por el relato. La
figura del riojano de Anillaco también recorre el texto
mostrando su hilacha rastrera a pesar de su prolijidad en
los modales, su síganme falaz y engañadoras apariencias.
"Gestos que tenían que ver con los deseos de agradar,
complacer, de servir, eso, de servir con galanura de
academia: se vistió como los del puerto, chau pilcha
federal. Se cambió y los colores de los trajes fueron los
clásicos, el corte de pelo se hizo ciudadano. En un
principio un bisoñé se hizo boina vasca, se dio cuenta y lo
cambió. Todo fue cambiando. Diría, lo de él, fue un cambio
integral y en permanente movimiento. Lo que no modificó fue
su ignorancia. Citaba a autores que nunca escribieron nada,
o le achacaba una obra a un autor que no correspondía, lo
hacía -creo, supongo, digo- por fonética".
El humor campea en esta obra. Las consideraciones sobre el
seguro de sepelio, el tema de la muerte y la reencarnación,
parece preocupar a los ferroviarios en la etapa democrática
del más allá que a todos nos iguala. Aquí la demanda de
amparo excede la etapa vital, proyectándose a la otra vida.
Un episodio curioso es el relato sobre "los niños de Tafí
Viejo": a partir de la presencia de una cuadrilla de obreros
rusos, que habían llegado al país, huyendo de la represión
zarista y que permanecieron aquí entre 1907 y 1914, estos
regresaron a Rusia a raíz de la Revolución de Octubre y se
incorporaron al regimiento de Kronstadt; un grupo de chicos
que había trabajado con ellos, lograron armar una radio a
galena y sintonizar transmisiones procedentes de Rusia. Se
las tradujo un trabajador ucraniano, confirmando asombrado
su procedencia y relatando episodios de la Revolución rusa,
con el consiguiente entusiasmo de los trabajadores
tucumanos.
Estos y muchos otros episodios y relatos enriquecen el
libro, venero de anécdotas y humanas experiencias
ferroviarias, rica descripción de una etapa histórica de
nuestro país.
Sylvia Bermann |