PRESIDENCIA
DE FRONDIZI
Poco tiempo
después, ya presidente Frondizi traiciona, mejor dicho,
aparece su verdadera naturaleza de clase. Firma los contratos
petroleros, se privatizan las empresas de DINIE, se entregó
el Frigorífico Nacional a la CAP, se sancionó
la Ley de Energía, se reafirmó el monopolio de
la electricidad en manos de la CADE, disfrazada de la sigla
SEGBA y se privatizaron los transportes urbanos. Era de esperar
venían por los ferroviarios, por los ferrocarriles. El
gremio ferroviario, es decir, sus trabajadores constituían
un obstáculo para la ofensiva privatizadora. Había
que ponerse en guardia, sólo eso. El gobierno no entendió,
como otros, la historia de lucha de los ferroviarios. A pesar
de la ignorancia pasó a la ofensiva, tratando de fraccionarlos
dentro de un plan general de dividir a los trabajadores, cuestión
que estuvo a cargo del asesor principal que era Rogelio Frigerio.
Los ferroviarios después de la intromisión de
Frigerio se aprestaron para la lucha. Fue la huelga en defensa
de los derechos y contra la intromisión oficial. Fue
una larga y dura lucha, abnegada y valiente. El gremio ferroviario
fue movilizado militarmente por tercera vez; cientos y cientos
de obreros fueron raptados y obligados a realizar instrucción
militar, como orden cerrado, saltos de ranas, flexiones de brazos
hasta la extenuación, hubo simulacros de fusilamiento
y la burla, siempre la burla…
Los ferroviarios
no se amilanaron, enfrentaron a los militares a pecho descubierto
con las herramientas en la mano. En Junín, Remedios de
Escalada y Bahía Blanca en la provincia de Buenos Aires,
en Rosario, provincia de Santa Fe, en Depósito de Locomotoras
de Alta Córdoba, entre otros. A los compañeros
pampeanos los apresaron y después de un juicio sumarísimo
los enviaron a la isla Martín García.
A todo esto,
encandilados por la “inteligencia” y por un supuesto
progresismo, una capa grande de intelectuales de fuste se alinearon
junto a Frondizi, y esto le dio una cierta legitimidad. Una
vez más, los intelectuales no miraban que es lo que pasaba
en los socavones del país, entre los trabajadores y el
pueblo del que tanto se llenaban la boca. Como ahora.
En septiembre
del 58 empieza la lucha contra la reforma del artículo
28 de la Ley de Educación, el gobierno de Frondizi quería
modificar ese artículo, era una de las cuestiones ocultas
que aparecían a la superficie. El tema ocupaba la escena
política. Se intentó gestar la unidad obrero-estudiantil
que tiene bastante éxito a pesar de las dificultades
que nos ponían algunos dirigentes de la Unión
Ferroviaria. Era un nuevo fenómeno que aparecía
en el ferrocarril, los nuevos trabajadores ferroviarios que
habían egresado de las Escuelas Fábricas o escuelas
industriales íban a la universidad, ya sea la Tecnológica
o la Universidad Nacional. Había todo un proceso de transculturación
y de intercambio técnico y cultural.
Se unieron
y reunieron con estudiantes, peronistas, radicales o de izquierda,
era una herejía porque debían obedecer y disciplinarse
a la estructura, siguiendo con la tradición de todos
los gobiernos, éste le echaba la culpa a los ferroviarios
de las plagas que surcaban los cielos. Los petroleros, por su
lado, estaban de paro. Petroleros y ferroviarios, una constante.
Frondizi acusa a los petroleros de hacer una huelga insurreccional.
El vicepresidente Gómez denuncia un apriete de las fuerzas
armadas, lo que era otra constante. A los pocos días,
renuncia y la Asamblea Legislativa nombra vicepresidente al
etílico Guido.
Por ese resguardo,
en 1958, la movilización militar fue la política
implementada, fueron capturados y enviados a la cárcel
y cuarteles, otros en el mismo lugar de trabajo porque como
fue la realidad, las cárceles no daban abasto. Se dormía
y pernoctaba después de trabajar en vagones. En otro
espacio de tiempo se valieron del Plan Conintes (Plan de Conmoción
Interna) para someter, eran proyectos represivos implementados
desde este Estado colonial administrado, en este caso por Arturo
Frondizi.
Los ferroviarios
declaran la huelga y para fines de noviembre del 58 Frondizi
contesta con la movilización militar, de esta forma llegan
y se instalan en los depósitos, talleres, estaciones,
en todas las oficinas de personal, controlaron la asistencia,
el ir y venir de los trabajadores, todo lo querían controlar,
no porque fueran frondicistas ni mucho menos sino porque tenían
entre ceja y ceja a los trabajadores. Eran de la misma estirpe
de los del golpe de estado de 1955.
Con este marco se inicia la ofensiva contra el sistema ferroviario
y las empresas del Estado. En 1958 los trabajadores resistieron
el primer intento ofensivo contra la fuente de trabajo que era
el ferrocarril, la movilización militar y el arresto
en los lugares de trabajo; con cárceles abarrotadas.
EL
PLAN CONINTES
En
1960 aplican el PLAN CONINTES. Plan rechazado por Frondizi,
Monjardin, Vítolo cuando se sancionó en el parlamento
en tiempos del gobierno de Perón. La enseñanza
que hay que aprender es que nunca se derogan las leyes represivas.
Frondizi la rechazó pero la utilizó modificando
la reglamentación en lo concerniente a la metodología
represiva convocando a las fuerzas militares para aplicar la
ley.
A
comienzo de 1960, en forma paralela a la represión, desembarca
en el país una comisión del BIRF (Banco Interamericano
Regional de Fomento) y del Fondo Especial para tomar conocimiento
del estado de situación del transporte en general. Las
consultoras que intervinieron en este estudio son, Coverdale
& Colpitts (EE.UU.), Netherlands Engineering Consultans
(NEDECO, Holanda) y Renardet-SAUTI (Italia), éstas, conformaron
el denominado “Grupo de planeamiento de los transportes
argentinos, como Director Técnico General de este grupo
de consultoras es designado por el BIRF, el Teniente General
de Estados Unidos, B.T. Larkin.
El 22 de
marzo de 1961 fue presentado oficialmente al Ministro de Obras
y Servicios Públicos, José Mazar Barnet, los resultados
de los estudios en un informe que llevaba el nombre de: “Transportes
Argentinos, Plan de Largo Alcance”. Esos estudios recomendaban,
como una imposición, que 10.000 Km. de líneas
férreas levantadas fueran reemplazadas por carreteras.
La industria del transporte automotor se corporizaba en esta
recomendación.
Ningún plan diseñado para la destrucción
del ferrocarril dejó de lado el aspecto represivo a sus
trabajadores. Los factores de poder tenían en cuenta
la resistencia de los celosos ferroviarios, que sí tenían
sentido de nación, de patria y soberanía, y que
el ferrocarril era una propiedad de la nación, había
que resguardarla a como de lugar. El ferroviario se sentía
parte del ferrocarril, no estaba por sobre él, él
era el ferrocarril.
Grandes luchas
obreras se avecinaban. Había que impedir el desmantelamiento
de los ferrocarriles y de las empresas del Estrado. La Huelga
de 42 días de 1961, fue el acto de resistencia más
vigoroso contra el primer intento de desguace a través
del Plan Larkin: que consistía en el desarme y cierre
de talleres, ramales, dejando grandes zonas del territorio sin
transporte; era nada más ni nada menos que su descuartizamiento
y desintegración de los Ferrocarriles Argentinos, como
ahora.
El Gobierno
de Frondizi tenía como objetivo cumplir el mandato imperial,
primero, la de instalar la industria del transporte automotor
y en forma paralela la tupacamarización de los ferrocarriles,
es decir su cerramiento.
Córdoba
era el centro de concentración de fábricas de
autos, camiones y auto partes para esa actividad. La mano de
obra especializada y de excelencia del IAME (Industrias Mecánicas
del Estado), ex Fábrica Militar de Aviones junto a la
de los Talleres Córdoba del F.C. Belgrano era una presa
apetecible. Mano de obra óptima, excelsa. La experiencia
técnica de los dos establecimientos les facilitaba y
gratis el reclutamiento de los trabajadores para el plantel
de producción.
El IAME fabricaba,
aviones: el Pulqui I y el Pulqui II, Calquín, bombardero
liviano, el tractor Pampa, el Rastrojero, la moto Puma, el automóvil
Institec, entre otras cosas y además tenía una
Escuela Fábrica creada en tiempos del primer gobierno
de Perón, donde salían técnicos aeronáuticos.
Trabajaban 12.000 obreros.
Los talleres
ferroviarios de Córdoba fabricaron las primeras locomotoras
de vapor, la Serie 3500, coches de pasajeros, vagones. Poseían
una planta de fabricación de oxígeno y otra de
Llantas y Ejes llamada Forja Argentina, única en América
Latina, que exportaba parte de su producción. Como en
el IAME, también se había abierto una Escuela
Fábrica, la Nº 12, donde salieron técnicos
ferroviarios. Laboraban en ese taller, aproximadamente, 3.500
obreros.
En forma parasitaria y sin esfuerzo, sin invertir un sólo
peso, las nuevas fábricas de la industria del transporte
automotor se abastecían de un conocimiento acumulado
en forma gratuita. El Estado Nacional, antes del golpe, había
capacitado para otro proyecto de nación. Pero después
del Golpe de Estado de 1955 el proyecto cambió.
Desde ese momento se aproximaron tiempos tormentosos, en tal
sentido, los ferroviarios observaron el movimiento de los vientos
y se aprestaron, desde el simple comentario, a la conspiración
de los resistentes.
•
Juan Carlos Cena: especialista en transporte ferroviario. Autor
del libro El Ferrocidio entre otros. Ex Secretario General de
APDFA Organismo Central. Miembro fundador del MONAREFA.
• MONAREFA: Movimiento Nacional por la Recuperación
de los Ferrocarriles Argentinos.
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