INVESTIGACIONES

CAPITAL FEDERAL / CONURBANO BONAERENSE

LOS SUCESOS DE DICIEMBRE DEL 2001

INFORME ESPECIAL

 

Los sucesos del 2001 dieron mucha tela para cortar. Aquellas jornadas quedaron grabadas en la memoria colectiva, además de la ida de un presidente, vinieron cinco poderes ejecutivos. La convulsión político y social fue importante.

En aquellos días hicimos una cobertura en las calles de la ciudad, en los barrios y en las asambleas multitudinarias de Parque Centenario.

Este trabajo lo publicamos y lo corregimos y ampliamos. Esta es la entrega en nuevo formato y con las correcciones correspondientes, cuando se cumplen próximamente 13 años de aquellos días.

 

Por Elena Luz González Bazán especial para Villa Crespo Digital

 

12 de diciembre del 2014 *

Los sucesos del 18,19 y 20 de diciembre del 2001 y mucha tela para cortar: Los días finales del 2001

Se cumplieron cinco años de los sucesos del 2001, desde esta redacción se realizó una cobertura completa sobre aquellos días de diciembre del 2001 y durante el 2002.

Participamos de movilizaciones, asambleas multitudinarias en Parque Centenario, escraches a bancos en Villa Crespo, Comuna 15, asambleas que nacían al calor de esos días de furia en Buenos Aires. La mayoría de ellas, o bien desaparecieron o se reconviertieron y tomaron tintes partidistas. Algunas, muy pocas. siguieron con un trabajo político social, el caso más reconocido es la de la Alameda que hoy es una organización no gubernamental, pero que comenzó como la Asamblea 20 de diciembre en el barrio de Parque Avellaneda, Comuna 9.

Fuimos partícipes del inicio de las Asambleas en el barrio: la primera en Scalabrini Ortiz y Corrientes, en Córdoba y Scalabrini Ortiz y la de Juan B. Justo y Corrientes, la única que sobrevivió a aquellas jornadas, pero, que tomó un tinte partidista en estos años.

Estuvimos con las necesidades del barrio, con sus broncas y sus reclamos, también vimos como se iba cayendo la tarde de aquellas jornadas, como se iba apagando el fuego sagrado de la bronca. Durante los meses de enero, febrero, marzo y abril del 2002 cubrimos todo desde el gráfico Villa Crespo, Mi Barrio y en otros medios.

Nos queda lo que se vivió, lo que se dijo y prometió, los cinco gobiernos, el helicóptero, las consignas y la realidad que no modificó. Simplemente porque no se quebró el poder económico en Argentina, se cambió de gobierno y se continuó el plan de hambre.

Aunque le duela a la clase media, cambiaron la bronca por las nuevas promesas, volvieron a los bancos y todo quedó en la nada. La historia la escriben los pueblos, y los pueblos también escriben su partida de defunción. En aquellas jornadas esencialmente, la clase media salió por ahorros, y la solidaridad quedó en espasmos que luego se modificaron, se agiornaron a los tiempos.

 

Los muertos le duelen a quienes siempre entendieron y practicaron la solidaridad, aquellos que intentaron desde su experiencia en las asambleas continuar un camino serio de trabajo, solidaridad y acercamiento a otros.

 

Las asambleas se fueron reduciendo, o bien desaparecieron, ganadas por aparatos partidarios fueron secadas y la falta de compromiso y trabajo del conjunto liquidó lo que pudo ser el embrión de algo más importante.

 

La consigna que SE VAYAN TODOS, fue importante pero faltó la LUCHA, esa apareció en algunos, pero no en las mayorías.

 

DICIEMBRE 2001 / CINCO AÑOS Y NO QUEDÓ NADA...

Cumplidos los cinco años de aquellos días, agobiantes por el calor y el hambre, cuando miles se movilizaban, este nuevo aniversario fue raquítico, la principal protagonista, la clase media con sus cacerolas, se dedicó a hacer compras para las fiestas y llenarse de una cultura extranjera que la ha penetrado hasta los tuétanos.

 

La historia la escriben los pueblos, en este caso, la mayoritaria clase media ha decidido su partida de defunción: las cacerolas están bien escondidas y abolladas...

Años después las volvieron a desenterrar de los aparadores y las hicieron relucir en jornadas de protesta... de estas jornadas tampoco queda nada...

 Lo que sigue es una producción periodística que compartimos con Haydeé Dessal.


 

A CINCO AÑOS DEL CAOS


Embargan y procesan a ex comisario que actuó en la represión de 2001

La jueza Servini de Cubría determinó que Jorge Palacios sea imputado y le dictó una retensión de 2 millones de pesos. Es por su responsabilidad en los homicidios y lesiones registrados en la zona de Plaza de Mayo. La magistrada procesó también a otros tres policías.

A cinco años del caos

El ex comisario general de la Policía Federal, Jorge Palacios, fue procesado con un embargo de 2.000.000 de pesos por su responsabilidad en los homicidios y lesiones registrados durante los incidentes en la zona de Plaza de Mayo que precedieron a la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Fuentes
tribunalicias confirmaron hoy que, a cinco años del hecho, la juez federal María Servini de Cubría amplió los procesamientos del ex jefe de la Policía Federal, Rubén Jorge Santos, y de los ex comisarios de la fuerza, Raúl Andreozzi y Norberto Gaudiero, por 102 casos de lesiones.

En tanto, el fiscal federal Luís Comparatore pidió a la jueza a que ordene la "reconstrucción del hecho" para determinar la autoría de tres homicidios registrados el 20 de diciembre de 2001, durante los incidentes previos a la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Fuentes
judiciales indicaron que el requerimiento del fiscal está relacionado con los casos de Gastón Riva, Diego Lamagna y Carlos Almirón y el de "varios lesionados", en zona cercana a la intersección de las avenidas de Mayo y 9 de Julio, de esta capital.


Asambleas a cinco años de los cacerolazos

 

Explotaron en todo el país y llegaron a ser 250 sólo en Capital y el conurbano


Muchas todavía existen como espacios autoconvocados con agendas más locales y de solidaridad. Testimonios de los que vivieron esos días de diciembre de 2001 y siguen en la brecha. De vez en cuando a Graciela Gurvitz le viene a la memoria el sonido de las primeras cacerolas que escuchó, aquel 19 de diciembre, desde la ventana de su casa sobre la avenida Nazca. No podía precisar de dónde venía, así que salió a la calle. Era como un imán, un llamado irrenunciable, la invitación ideal para ir a descargar la bronca acumulada, que ese día tenía una razón puntual: el estado de sitio. En la esquina de Jonte encontró decenas de personas a las que nunca había visto y que le contagiaron una emoción desconocida. Así como estaba, de short, remera y las llaves en la mano, empezó a caminar con su hija Verónica hacia alguna parte. En Flores pegaron la vuelta, empapadas de sudor. Al otro día salieron con sus cacharros y llegaron a Plaza de Mayo.

Desde entonces, Graciela, comenzó a reconocer por el barrio las caras de sus vecinos al andar y a enredarse en conversaciones infinitas que nueve días después terminaron en una reunión de 400 personas en la plaza Aristóbulo del Valle. Así nació la asamblea de Villa del Parque, una de cientos que se reprodujeron sin respiro ese verano, y que todavía hoy sigue en pie.

 

A cinco años del estallido social, quedan unas 40 asambleas en Buenos Aires. Hacen trabajos solidarios, producción autogestionaria, emprendimientos educativos y culturales, intervienen en reclamos públicos y políticos y debaten hasta el cansancio en forma horizontal, un rasgo que hace a su esencia y que tiene su eco en experiencias más nuevas como las de Gualeguaychú y Esquel.

Graciela, de 54 años, guarda en una bolsa las cacerolas, cacharros y cucharas abolladas que a veces pispea con nostalgia, con el recuerdo de aquel extraño sentimiento de entusiasmo que brotaba en medio del desastre. La asamblea de su barrio funcionó mucho tiempo en la plaza, luego se mudó a un espacio de usos múltiples del gobierno porteño, junto a las vías, pero desde que pusieron un registro civil volvió a la plaza. “Al comienzo muchos iban a las reuniones sacarse la rabia, quizá porque no podían sacar la plata del cajero, pero a otros se los veía con inquietudes y ganas. Hubo gente que se dio cuenta de que no vivía la vida que quería vivir. Y jóvenes que encontraron un vocación de social”, repasa. Graciela es diseñadora de bijouterie, pero desde ese fin de 2001 la asamblea se convirtió para ella en una actividad medular.


En la asamblea de Villa del Parque quedan 15 personas con actividades muy consolidadas. Adoptaron, con otras, un sistema de economía solidaria. Cada quince días convocan a productores independientes, les compran y venden en la zona: aceite de la cooperativa Puente del Sur, Yerba Titrayjú y productos de limpieza Burbuja Latina, elaborados por la asamblea Gastón Riva. Los martes, se juntan con la de Villa Urquiza, que funciona en la ex pizzería La Ideal, donde están montando un archivo de las asambleas. “Tiene todos los volantes, boletines, diarios, videos y fotos de estos cinco años”, describe Graciela. En equipo con la asamblea del Cid Campeador, proyectan una radio comunitaria, para que las organizaciones sociales puedan tener su programa.

“Quizá hoy no ves en la plaza a toda la gente junta, pero somos muchos trabajando en forma asamblearia haciendo cosas”, dice. “Los chicos de nuestra asamblea armaron una salita de primeros auxilios, otros dan apoyo escolar, hemos trabajado con los cartoneros y ahora con los trabajadores del ingenio Ledesma, y podría seguir”, dice Graciela.
En sus comienzos, las asambleas tenían discusiones caóticas, interminables, signadas por una ansiedad desbordante y una incertidumbre absoluta. Pero había un hilo conductor, sintetizado en la frase “que se vayan todos”. Era un modo de expresar el peso de la opinión y las decisiones populares que, entonces, comenzaban a articularse en la forma asamblearia propia de la democracia directa frente a un sistema político cuya legitimidad se caía a pedazos.

“Las asambleas fueron la forma concreta que los sectores medios urbanos encontraron para asumir la responsabilidad de sus decisiones frente al descrédito de la política institucional. Era un recurso que se venía usando en los movimientos de trabajadores desocupados. Fue impresionante su expansión por lo espontáneo”, dice Federico Schuster, decano de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), quien investigó los movimientos sociales. “Cada asamblea, por supuesto, tuvo su historia: algunas adoptaron un perfil vecinal y otras más político, al punto que en su nombre se llamaron ‘asambleas populares’. Pero todas han sido experiencias de compromiso ciudadano y debate político. Discutieron cuestiones muy profundas, otro modelo de sociedad y de política, y son varias las que todavía siguen”, describió.

 

Balas certeras
A mediados de 2002 había cerca de 250 asambleas entre Capital Federal y el conurbano. Buscaron interactuar a través de megaencuentros que se hacían los domingos en Parque Centenario. Era la famosa “interbarrial”, que se fue desarticulando con el tiempo, a medida que mermaba la concurrencia a las asambleas en general y crecía una discusión árida: ¿cómo relacionarse con los partidos políticos que recalaban en la estructura asamblearia?
Miguel Angrisano reconoce tres momentos de fractura que marcaron a la asamblea de Floresta, en la que aún participa, y que reflejan lo que ocurrió en muchos otros grupos de vecinos autoconvocados. “El primer quiebre fue producto de los intentos de los partidos de izquierda de apropiarse del espacio, que generó choques internos. El segundo fue a partir de que como había mucha gente que se acercaba por un poco de comida, aparecieron los punteros políticos con manejos por los bolsones de comida y eso molestó a los vecinos, sobre todo al vecino medio”, cuenta Miguel. El último momento crítico, dice, fue en 2003. “Con el nuevo gobierno y a partir de la mejora en el país la gente se fue desmovilizando. Algunos se fueron a los CGP, a partidos o sociedades de fomento, pero los que quedamos tratamos de evitar compromisos partidarios o favores políticos y mantenemos la horizontalidad”, explica.

En el origen de esta asamblea se superpusieron el malestar propio de 2001 y el asesinato de los jóvenes Maximiliano Tasca, Adrián Matassa y Christian Gómez, el 29 de diciembre de ese año. Los tres amigos se habían sentado a tomar algo en una estación de servicio y festejaron al ver en la televisión la imagen de un grupo de manifestantes golpeaba a un policía en Plaza de Mayo. El custodio del lugar, Juan de Dios Velaztiqui, un policía retirado, enfureció y los asesinó a sangre fría. Ya fue condenado a cadena perpetua. Los vecinos de Floresta se reúnen ahora en un predio de una manzana al que llaman “el corralón”, que tiene una placita con un monumento en homenaje a los chicos asesinados. Por iniciativa de la asamblea, en el lugar está en vías de construcción un colegio secundario. “Nuestra actividad viró hacia el lado cultural, con actividades para los vecinos. Proyectamos películas, tenemos un teatro y aportamos a la educación a través de talleres”, explica Angrisano.

Cooperativos
Mauro tiene 20 años: El 19 de diciembre de 2001 salió del colegio y se fue directo al Congreso; estuvo en todas las protestas pero, recién, se sumó a una asamblea barrial, la de Almagro, hace tres años, a través de un grupo de jóvenes llamado La Rivolta. “Hoy somos 30 personas, casi todas nuevas. Es un buen espacio para participar en el que me siento a gusto”, destaca. Este grupo funciona en un espacio recuperado, que estaba abandonado, sobre la calle Medrano, entre Perón y Sarmiento, donde ahora tiene tres cooperativas: una de alimentos vegetarianos, una herrería y un taller de serigrafía donde hacen estampados para remeras. Todo lo que recaudan lo destinan a un comedor infantil de Villa Fiorito.
La trayectoria de la asamblea de Almagro incluye un comedor y merendero, una campaña para la erradicación del PCB y un relevamiento de salud y nutrición en el barrio que obligó a los centros de salud de la zona a proveer servicios elementales y leche a madres que la necesiten. “Ahora estamos concentrados en hacer una recopilación de todo lo que hicimos para evitar que nos desalojen, estamos en juicio”, dice María Cristina Oleaga, una psicoanalista que integra el grupo desde sus inicios

El espíritu cooperativista reina también en la asamblea de Parque Avellaneda, que conformó la cooperativa La Alameda en un viejo bar de la zona, y “que siempre se caracterizó por una fuerte relación con los sectores más humildes”, dice Gustavo Vera, uno de sus referentes permanentes. “Nosotros fuimos los primeros en denunciar la situación en los talleres textiles, el tráfico de personas y el trabajo esclavo. Juntamos testigos y pruebas y logramos sentar un gran precedente”, se enorgullece. Con la idea de mostrar que se pueden hacer las cosas bien montaron una cooperativa textil y comedores para los pobres. “Llevamos varios reclamos a la Defensoría del Pueblo”, dice, como la discriminación a los inmigrantes. “Impulsamos desde el no pago de la deuda externa hasta la ayuda a una vecina con problemas”, añade.

Vera comenta que la asamblea intentó encontrar un punto de equilibrio en la relación con el Estado: “Hemos logrado reconocimiento manteniendo autonomía, pero en algún punto es una quimera sobrevivir sin ayuda estatal. De todos modos, nos abrimos paso sin planes sociales y con lucha”. Siempre mantuvieron, en la base de toda iniciativa, el lema “que se vayan todos” y el debate político “no como un asunto táctico –advierte– sino como un clamor popular para que cambie la forma de hacer política, el clientelismo, la corrupción”. “Buscamos articular el trabajo barrial y nuestros objetivos de cambio social”, redondea.


REIVINDICARAN "LA LUCHA DEL PUEBLO"
Multisectorial marcha a Plaza de Mayo, a cinco años del "Argentinazo"


Organizaciones de derechos humanos, sociales, gremiales, estudiantiles y partidos políticos realizaron un acto frente a la Casa Rosada en conmemoración del quinto aniversario de la movilización popular que terminó con la renuncia del ex presidente Fernando De la Rúa.

La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la Asociación de ex Detenidos-Desparecidos, grupos autoconvocados y partidos de izquierda partirán a las 17.30 desde el Congreso de la Nación y se concentrarán en la Plaza de Mayo, donde leerán un documento consensuado reivindicando "la lucha del pueblo movilizado" el 20 de diciembre de 2001.

"Venimos a decir en esta Plaza, centro del poder político del país, que las razones que llevaron a esa rebelión tienen completa vigencia", señala el comienzo del documento.

Las organizaciones se pronunciaron también por la 'aparición con vida' de Jorge Julio López, el testigo del juicio contra el represor Miguel Etchecolatz y remarcaron su reclamo por la anulación de los indultos a los genocidas del terrorismo de estado.

A su vez, exigieron castigo "a los responsables físicos e intelectuales de la masacre del 19 y 20 de diciembre", que terminó con la vida de unas 40 personas.

En tanto, el Frente Popular Darío Santillán y el Movimiento Independiente de Jubilados de Raúl Castells marcharon también a la Plaza de Mayo con el resto de las organizaciones que ingresaron a la plaza por Avenida de Mayo.

El acto fue la conclusión de la jornada iniciada el 19 de diciembre cuando la CTA y la Federación Agraria se movilizaron desde el Congreso a Plaza de Mayo para recordar a las víctimas de la represión policial.

Unas horas antes, a las 16, la agrupación Quebracho se concentró en el Obelisco y realizaron un acto "por una Navidad sin presos políticos ni desaparecidos".

En la ciudad de Rosario también se realizó una marcha a  partir de las 18 hasta la Plaza San Martín bajo la consigna "a 5 años del 'argentinazo', de la represión y la masacre", convocada por la Multisectorial local.

Mientras tanto, en la provincia de Córdoba, organizaciones sociales, de derechos humanos, políticas y gremiales realizaron una concentración a las 18 horas en las calles Colón y Cañada, en el centro de la capital.

* (Villa Crespo Digital) este trabajo fue publicado por primera vez el 26 de diciembre 2006, a raíz de cumplirse 5 años de aquellos sucesos del 2001.

Dicho informe lo volvimos a entregar el 26 de diciembre del 2008, cuando habíamos realizado la renovación del portal. Hemos corregido el informe y lo publicamos en este formato de htm.

 

FUENTES: Propias, diarios, noticieros y coberturas propias

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